
No, el cuerpo no es solo una máquina. Contrariamente a lo que creen algunas personas en Occidente, el cuerpo no se repara como un motor de coche. Para curarlo, hay que acceder al alma. Gracias a la medicina tibetana, descubre el secreto de la eterna juventud.
Se cuenta en el Tibet, que hace unos 2500 años al Buddha Sakyamuni le sobrecogió una gran angustia. Este sabio no quería envejecer ni morir. Dedicó entonces todo su tiempo a descubrir la receta de la inmortalidad. Y lo consiguió...
Pero no vayas a creer que Sakyamuni inventó un fabuloso elixir de juventud. Gracias a su paciencia y obstinación, elaboró simplemente las bases de una nueva ciencia, combinando el desarrollo del espíritu y el cuidado del cuerpo.
Actualmente científicos de todos los países se interesan por estas técnicas milenarias y las investigan...
En Rusia científicos pidieron a médicos tibetanos que les ayudasen a tratar a las victimas de Tchernobyl. En Estados Unidos, mujeres con cáncer de mama han sido tratadas con técnicas modernas asociadas a practicas tibetanas. Y científicos ingleses han constatado que la meditación tibetana tiene efectos físicos. El método “tummo" (fuego interior) permite aumentar de varios grados la temperatura corporal, lo que produce un efecto tranquilizador en la personas depresivas.
La misma técnica alivia los dolores reumáticos y sobre todo sumerge a los pacientes en un estado de bienestar.
Los Tibetanos creen en la reencarnación. Para ellos poseer un cuerpo humano en lugar de un cuerpo de animal es una suerte. ¿Por qué? Porque solo en la existencia humana encontramos la mezcla justa de placer y sufrimiento que permite comprometerse en la vía espiritual de la sabiduría. Quedan tres emociones perturbadoras, la cólera, el deseo y la confusión mental, que provocan enfermedades y cansancio.
Aprender a controlarlas es una garantía de vitalidad.
La salud empieza por el aprendizaje de la sabiduría
Realiza buenas acciones
Para empezar realiza una pequeña introspección. Revisa tus defectos. Abandona todas las conductas condicionadas por la ignorancia, el deseo o el odio. Después haz una buena acción. Recuerda que en la cultura tibetana, el hecho de liberar a pájaros, peces o otros animales cautivos genera beneficios sobre la “fuerza de la vida" de quien ejecuta este acto. Es una manera de decir que la generosidad realza al hombre y le da un sentimiento de plenitud mental y física.
Aprende a meditar
Ahora puedes empezar a aprender ciertas técnicas de meditación tibetana, que te permitirán sumergirte en ti mismo y navegar en tu propio espíritu con una facilidad desconcertante.
¿Concretamente cómo se medita?
En el Tibet, los rezos y el ritmo de los tambores ayudan a distender el espíritu y a acomodar el cuerpo en un estado de equilibrio. ¡Para nosotros imposible ponernos en las mismas condiciones que existen en el “Techo del Mundo"! Sin embargo si podemos acceder a ciertos ritos. Uno de los más conocidos consiste en la repetición de “mantras", fórmulas rituales siempre similares y pronunciadas en voz alta, cientos de veces, y que terminan por tener una especie de efecto hipnótico sobre el espíritu y el cuerpo.
Existe una palabra en particular, que produce un efecto literalmente mágico sobre el cerebro y el sistema nervioso central. Se trata del famoso “OM". Este sonido tiene efectos vibratorios muy estimulantes sobre el organismo. “OM" se pronuncia “aum".
Para obtener la correcta tonalidad de este mágico sonido, inspira profundamente pero sin llenar del todo tus pulmones. Y, con voz profunda, emite la vocal con la boca medio abierta, los labios en circulo. Mantén el sonido durante 5 segundos, continua dejando resonar tu voz cerrando la boca y relajando la mandíbula. Emite ahora el segundo sonido: Mmmmm..... Repite el rito tres o cuatro veces, pero párate si sientes la menor sensación de vértigo, y realizalo de nuevo al de una hora.
Al principio, no lo repitas más de diez veces al día.
Recetas milagrosas que perduran a través de los siglos
Ahora que tu espíritu ha despertado y que sabes que es él quien domina tu cuerpo, debes procurar que tu cuerpo esté puro. Y para ello tener una alimentación sana y equilibrada.
Limpia tu organismo
Bebe tres litros de agua de manantial durante sesenta días. Esta cura desintoxicará tu organismo. A continuación siéntate en un sillón confortable. Relájate pero sin hundirte en el sofá. Mantente recto, con la barbilla levantada para que las cuerdas vocales no estén comprimidas.
Los alimentos que hay que evitar...
Desde hace siglos, en el Tibet, se considera que los alimentos demasiados ricos son nefastos. Y ciertas combinaciones de alimentos son tóxicas. Por ello, es mejor evitar mezclar en la misma comida huevos y pescado o fécula y carne. Mastica bien la comida. Disminuye la cantidad de alimentos que ingieres. Al final de una comida, el estomago solo tiene que estar lleno las ¾ partes, mitad de alimentos sólidos y un cuarto de líquidos. El ultimo cuarto permite a las enzimas químicas jugar su papel.
En el Tibet, los sabios conocen los alimentos que curan tal o tal enfermedad. El pescado, por ejemplo, alivia los dolores de estomago, mejora la vista y cura las heridas externas. Las ortigas cocinadas producen calor físico y alivian los trastornos de la bilis. Y no olvidemos que los Tibetanos otorgan grandes virtudes a la leche de yack, el “Dri", una especie de ambrosía que cura todas las enfermedades respiratorias, aclara la tez y aporta tranquilidad y paz al espíritu. También es el ingrediente principal de los elixires de juventud utilizados en las lamaserías.
Para recobrar el sueño, los médicos tibetanos recomiendan beber leche caliente al mediodía y caldo de carne a la noche.
Las plantas: la panacea
Los tibetanos también recurren a una gran variedad de plantas medicinales. Antes de la invasión china, en 1959, el Tibet poseía unos 225 000 km2 de bosques. En ellos se encontraban más de 2 000 plantas, la mayoría de las veces silvestres. Actualmente, no les quedan más que 35 000 km2 de bosques y los tibetanos exiliados deben contentarse con las 300 plantas que crecen del lado indio.
Los mirobolanos, frutos del “arura namgyal", son considerados como tónicos supremos que dispensa felicidad y bienestar. Muy antiguos grabados representan a Sakyamuni, Buddha de la medicina, con una rama del árbol de los mirobolanos en su mano derecha tendida.
Piedras preciosas
Sustancias como el oro, la plata, el rubí, la turquesa o el coral, también se utilizan en la medicina tibetana. Forman la base de “píldoras preciosas" (ver recuadro), cuyo poder es aumentado gracias a las plegarias y mantras que recitan mientras las preparan... ¡Citemos por ultimo un potente anticonceptivo, extraído de la espina dorsal del yack y mezclado con oro!
“La píldora de la joya preciosa"
Los médicos tibetanos prueban siempre sobre ellos mismos sus
remedios antes de administrarlos a sus pacientes. Entre esos
remedios, la “píldora de la joya preciosa", que trata la
hipertensión, los trastornos nerviosos o cardíacos y la
tuberculosis. Esta panacea está compuesta por más de 70
ingredientes, entre ellos oro, mercurio, coral, lapis-lazuli y
mercurio “purificado", gracias a un método meticuloso, que
tarda nada menos que 6 meses y necesita 15 médicos...
Para controlar el “soplo interior", origen del envejecimiento, la medicina tibetana recomienda bañarse en aguas termales calientes que surgen en las mesetas del Himalaya. Ciertos días, cuando el planeta Venus brilla en el cielo por la mañana, también se puede limpiar en ellas el espíritu. Más accesible para nosotros en Occidente: los masajes con aceite de sésamo. La estimulación de los 78 puntos de acupuntura catalogados por los tibetanos, aumenta la fuerza de vida





