Más historia astrológica
El Catalogus Codicum Astrologorum Græcorum muestra la gran cantidad de literatura astrológica que ha sido producida en Bizancio, aunque la mayoría de los manuscritos pertenecen al siglo XII. En este mismo siglo, a pesar de la oposición de la Iglesia, había interés en la Astrología, en ocasiones dentro de la misma Iglesia, aunque las estrellas fueron consideradas ser signos en lugar de causas de los eventos.
En el mundo occidental el estudio de las estrellas, llamada Astronomía, fue una de las siete artes liberales que comprendían el curriculum educativo de la época (junto con la gramática, retórica, dialéctica, aritmética, geometría y música). Los padres de la Iglesia Latina condenaron la Astrología como magia y paganismo. San Agustín, refiriéndose a la Astrología en De civitate Dei (La ciudad de Dios, 411), afirmó que era mera superstición.
El texto fundamental de Astrología, el Tetrabiblos, aún no era conocido por los Latinos, que solamente tenía unas pocas fuentes en astronomía (como un capítulo en astronomía en El matrimonio de Mercurio y Filogiae por Martianus Capella, el Comentario por Macrobius en el siglo IV y los trabajos de Isidoro y Bede durante el siglo VII).
En el siglo VI, la astronomía fue definida por Casiodoro (490-583), secretario en la corte de Teodoricus, el rey ostrógodo de Italia, como la ciencia que estudia los cuerpos celestiales y su relación entre ellos y con la tierra. No fue hasta a principios del siglo VII que se hizo un esfuerzo para distinguir entre la Astronomía y Astrología, en la Etimologiæ de Isidoro, obispo de Sevilla. Las definiciones en la Etimologiæ muestra como en la antigüedad era imposible considerar independientes, dos artes que era consideradas complementarias. El estudio de las estrellas y el computus (el arte de calcular el calendario) eran también parte de la educación monástica, como una herramienta para referencia calendárica para el curso del tiempo en el año.
Un nuevo interés en la Astrología en el mundo occidental comenzó en el siglo XI bajo la influencia de los árabes que se habían asentado en España y Sicilia desde el siglo VIII, los árabes fueron los herederos de la filosofía y cultura de la Grecia helenística, una herencia que mezclaron con las culturas de Siria, India, y Persia y este conocimiento comenzó a extenderse a las escuelas del noroeste de Europa. Aunque en la cultura islámica la Astrología estaba generalmente opuesta por las mismas razones que en el cristianismo, el interés científico e intelectual en los movimientos de las estrellas persistió en el trabajo de astrólogos musulmanes como Mash’allah, al-Kindi, Abu Ma’shar y al-Battani. Los trabajos de estos estudiosos fueron traducidos eventualmente al Latín.
Con la fundación de la Universidad de Oxford (en 1249), se incluyó la Astronomía en el curriculum de las artes liberales por su contribución en la comprensión de la medicina, meteorología y alquimia. Sin embargo, la Astrología Judiciaria, estaba opuesta explícitamente en los escritos de Robert Grosseteste, obispo de Lincoln y magistrado presidente de la Universidad de Oxford, en base a la posición de San Agustín (que la Astrología niega la voluntad de Dios).
La oposición de la Iglesia también surgió en la lista de declaraciones de condenación por el obispo de París, Esteban de Tempier, que condenó la Astrología y escritores que relacionaron la Astrología con el mundo sublunar. Algunos estudiosos teólogos (que fueron influidos por San Agustín y después por el Aristotelianismo), incluyendo a Albertus Magnus de Colonia (1200-1280), aceptaron la influencia de los planetas en el mundo. Sin embargo, negaron la influencia planetaria sobre la voluntad humana, debido a que creían que el alma es la imagen de Dios.
Albertus Magnus recomendó el Almagest para el estudio de la Astronomía y el Tetrabiblos para la Astrología. Santo Tomás de Aquino (1225-1274) declaró en la Summa Teologica que los cuerpos celestiales influían indirectamente al intelecto humano y por lo tanto los astrólogos pueden hacer verdaderas predicciones. En De sortibus y De judiciis astrorum, sin embargo, expresó su oposición a los horóscopos y la elección de días propicios.
Aunque los intelectuales de la Iglesia del siglo XIII se opusieron a los aspectos supersticiosos de la Astrología, Roger Bacon (1214?-1294), el más grande científico de su tiempo, aceptó completamente la Astrología Médica. En el siguiente siglo, los intelectuales eclesiásticos estuvieron utilizando la Astrología como un instrumento para mayor comprensión de la ciencia (y para interpretar las Escrituras). La Astrología Judiciaria, ni siquiera es mencionada por dichos autores como Thomas Bradwardine (arzobispo de Canterbury) y Henry de Langestein.
La aplicación “científica" de la Astrología se reflejó en los esfuerzos de la Universidad de París para explicar la epidemia de la Muerte Negra que asoló Europa desde 1347 hasta 1350: los intelectuales contemporáneos se inclinaron a atribuir la plaga a las conjunciones de las estrellas en lugar de realizar investigaciones físicas y médicas. En la Universidad de Boloña, fundada en 1119 para la educación al público secular y menos influenciado por la Iglesia (aunque aún bajo su control), los estudiantes de medicina tenían que llevar un programa de cuatro años de Astrología, que culminaba con el Tetrabiblos y el Almagest. Guido Bonati, uno de los más famosos astrólogos del siglo XIII, fue profesor en esta Universidad y autor de De Astronomia.
Hubo varios famosos astrólogos en este período. Michael Scot, era astrólogo de la corte de Federico II en Sicilia y escribió el Liber Introductorius como manual del estudiante. Campanus de Novara, uno de los pocos buenos matemáticos de la época, de acuerdo a Bacon, escribió la Sphaera y la Theorica Planetarum. En el año 1327, durante la Inquisición, Cecco d’Ascoli fue quemado por hereje. Era un astrólogo y mago que dio conferencias en la Universidad de Boloña y aplicó la Astrología al nacimiento y muerte de Cristo. Aunque hubo factores indudablemente políticos detrás de la ejecución de Cecco, el cargo de herejía, no obstante reflejó la preocupación de la Iglesia sobre los asuntos astrológicos.
Al seguir el descubrimiento de los textos árabes, la Iglesia absorbió la Astrología y la desaprobó solamente cuando parecía implicar el determinismo fatalista (como en el caso de Cecco d’Ascoli), que contradecía el libre albedrío y la omnipotencia de Dios. También, los escritos de intelectuales de los siglos XIV y XV, como Oresme, Peter d’Ailly y Jean Gereson, muestran que la Astrología era aún parte de la ciencia contemporánea y aparecían pocas dudas de su validez.
Al principio del Renacimiento, varios factores culturales e históricos contribuyeron al desarrollo del interés por la Astrología. Primero, la mejora tecnológica de las técnicas de impresión favorecieron la producción de efemérides, almana-ques, mapas y calendarios. En 1474 se imprimieron en Nuremberg las primeras efemérides, Ephemeris ad XXXII annus futuros, por Regiomontanus (Johann Müller, 1436-1476), y una segunda edición en Venecia en 1484. En 1489, el Introductorium in astronomia por Abu Ma’shar fue traducido del árabe al latín.
Otro factor importante en el nuevo interés por la Astrología aumentó por el redescubrimiento de autores clásicos de la antigüedad, comenzando con los primeros humanistas al final del siglo XIV. Una de las razones por el nuevo interés en los antiguos fue el sitio de la ciudad de Constantinopla por los Turcos en 1453, que forzaron a los estudiosos griegos de la ciudad a huir a Italia (llevando con ellos su literatura), un país que ya había mostrado un interés renovado en los clásicos del mundo antiguo.
Algunos estudiosos griegos ya estaban asentados en Italia antes del sitio de Constantinopla. Manuel Chrisoloras, cuyo sobrino Marsilio Ficino era una de las figuras más importantes en la historia del ocultismo durante el Renacimiento, fue a enseñar griego en Florencia en 1396. La corte florentina de Cosimo de Medici fue también uno de los primeros centros culturales que ofreció refugio a los griegos y, como consecuencia, a desarrollar un interés en la Astrología.
En la corte de los Medici, Giordano Bruno (1548-1600) y Marsilio Ficino (1433-1499) trabajaron como los traductores de los escritos de Platón (por tanto redescubriendo el Neoplatonismo). Ficino también escribió el Pimander, un trabajo hermético lleno de elementos astrológicos. Médico e intelectual, Ficino también escribió De vita libri tres, un tratado médico en la salud del intelecto; en la tercera parte del libro, “De vita coelitus comparanda" describe la visión de la Astrología y las influencias planetarias en la salud de las personas.
Los intelectuales de principios del siglo XV pudieron leer el Picatrix, una recopilación árabe traducida al español (en 1256), que trataba grandemente con la magia astrológica e influyó en Ficino y su estudiante Pico della Mirandola (1463-1494). La aplicación de la Astrología a la medicina (llamada Iatromatemática), recibió la atención de Paracelsus (Bombast von Hohenheim, 1493-1541) que consideraba la Astrología un medio de comprensión de las disposiciones físicas innatas permitiendo un mejor control de la vida propia. La Astrología Médica también fue el foco del Amicus medicorum, escrito en 1431 por Jean Ganivet y en uso los siguientes dos siglos a todo lo ancho del mundo occidental.
Aunque los astrólogos de la corte continuaron disfrutando su posición como asesores de reyes y príncipes en todo el siglo XV, su forma de hacer Astrología era el objeto de un debate intelectual continuo. La Astrología de cartas natales y la predicción del futuro, llamada Astrología Judiciaria, era considerada supersticiosa por los intelectuales del período. Este tipo de Astrología se contrastaba con la Astrología Médica (Iatromatemática), el estudio de la influencia de los planetas en el cuerpo físico. Ficino siempre desaprobó el uso de la Astrología Judiciaria con propósitos adivinatorios. Pero dedicó el tercer capítulo completo de De Vita a la Astrología Médica. Sin embargo, de acuerdo a Ficino, los planetas tienen una influencia solamente en el momento de nacimiento, mientras que el equilibrio de la vida de uno está determinada por la voluntad propia.
El debate sobre la Astrología Judiciaria y Médica se animó especialmente después de la publicación en los años de la década de 1490 de la obra de Pico della Mirandola de Disputationes adversus astrologiam divinatricem. En este trabajo el autor atacó la Astrología Judiciaria, demostrando que era falible y arbitraria, que le faltaba consenso en sus principios básicos y era regida por un determinismo materialista. Él sostenía que la Astrología no puede ser verdad porque requiere una exactitud que es imposible de obtener al interpretar los movimientos de las estrellas. Pero la acusación que elevó en contra de los astrólogos concernía al uso de fuentes latinas poco claras y contradictorias en lugar de Ptolomeo, cuyo trabajo en Astrología Pico consideraba ser exacto. Por lo tanto no atacaba a la Astrología misma.
Pronto llegó una respuesta del contemporáneo de Pico, Pietro Pomponazzi (1462-1524), maestro en varias universidades italianas, que encontró las observaciones de Pico poco científicas y eliminó sus argumentos contra la Astrología. En 1508, Luca Gaurico, autor del Tractatus astrologicus, publicó la Oratio de inventoribus et astrologiae laudibus para defender la Astrología. Por la misma época, el ocultista alemán Cornelius Agrippa (1486-1535), en su De occulta philosophia, relacionó la Astrología con otras artes mágicas, como la quiromancia y la alquimia, y estableció los cimientos para el futuro desarrollo en el ocultismo que surgió durante la Iluminación.
Uno de los astrólogos más prominentes de Italia en el siglo XVI, el dominico Tomaso Campanella (1568-1639), escribió seis libros de Astrología libre de aspectos supersticiosos provocados por la influencia árabe y judía y concordante con las enseñanzas de los teólogos de la Iglesia. El estudio de la Astrología árabe y judía introdujo un enfoque determinista, en contradicción a los principios básicos cristianos de la providencia divina y libre albedrío. También escribió en defensa de Galileo, Apología pro Galileo (1616). Fue encarcelado dos veces bajo cargos de herejía.
El debate sobre Astrología se volvió intenso durante el siglo XVI provocado por la postulación de heliocentrismo de Copernico (1473-1543) (y continuó hasta el siguiente siglo como resultado de la defensa de Galileo de esa teoría). El siglo XVI también fue la época de la Reforma y la contra-Reforma, cuando la Iglesia fue particularmente sensible a las herejías. En 1545, en el Concilio de Trento, la Iglesia condenó la Astrología Judiciaria, y al final del siglo la Iglesia oficialmente se separó a sí misma de la Astrología. Galileo fue denunciado por sus Cartas en los Puntos Solares (1613) y fue condenado por la Iglesia en 1632 por su “heliocentrismo".
En el mismo período el científico inglés Francis Bacon (1561-1626) demostró la invalidez de la Astrología como se practicaba comúnmente y sugirió un sistema purificado de todos los elementos supersticiosos y de acuerdo con los principios básicos científicos. De acuerdo a Bacon, la Astrología no puede aplicarse al individuo sino que puede ayudar a predecir los cambios y movimientos masivos de cuerpos celestiales o de la gente. Aunque Bacon atacó toda la superstición, como científico del siglo XVII aún aceptaba la Astrología como sistema adivinatorio.
La Astrología aún sobrevivió entre los académicos como Iatromatemáticas en el siglo XVII. Pero con el progreso de la medicina como una ciencia empírica, finalmente ésta se convirtió en un campo distinto de investigación. Al mismo tiempo, el lento proceso de evolución de la astronomía como una ciencia descriptiva, que había comenzado con las tablas de Copernico (1551), gradualmente abrió la brecha entre la Astrología adivinatoria y la astronomía científica.
Johannes Kepler y la música de las esferas
Johannes Kepler nació el 6 de enero de 1572 en Weil-der Stadt en la provincia alemana de Swabia. Su abuelo había sido alcalde del pueblo pero la fortuna de la familia estaba disminuyendo. Su padre era un aventurero amedrentador que ganaba un precario ingreso como soldado mercenario y había huido de la familia cuando Johannes tenía 17 años. Su madre tenía reputación de practicar la brujería por lo que fue juzgada por la Inquisición.
Nacido prematuramente, Johannes era débil y enfermizo. Pasó una infancia solitaria e infeliz pero al menos tuvo la fortuna de que los regentes Duques de Württemburg habían creado un sistema educativo relativamente iluminador en Swabia. Con la visión de reclutar a las mentes mas brillantes para la clerecía protestante, estaba disponible un sistema de becas para los (hombres) infantes de familias pobres, y a pesar de su mala salud, Johannes era precozmente brillante.
Sus días de escuela, aunque exitosos académicamente, fueron completamente miserables. Su inteligencia de sabelotodo irritaba a sus compañeros de clase, que frecuentemente lo golpeaban. Se consideraba a sí mismo físicamente repulsivo (admitiendo que tenía pánico a los baños). Se inclinó al mundo de las ideas como forma de fuga y encontró consuelo al acatar la convicción religiosa.
En 1587 Kepler fue a la Universidad de Tübingen donde probó ser un excelente matemático. También se volvió un defensor de la controversial teoría de Copernico del sistema solar, que frecuentemente defendió en debates públicos. En ese tiempo Kepler no estaba particularmente interesado en la Astronomía. La idea de un universo centrado en el Sol tenía un atractivo místico. Intentó volverse clérigo y cuando se graduó en 1591 entró a la escuela de teología de Tübingen.
Sin embargo, antes de presentar sus exámenes finales, fue recomendado para el puesto vacante de maestro de matemáticas y Astronomía en la escuela protestante en Graz en Austria, que tomó en abril de 1594 a la edad de 23 años. Como ya dijimos, no había diferencias claras entre la Astronomía y la Astrología; entre sus deberes como “matematicus" se esperaba que Kepler expidiera un almanaque anual de predicciones astrológicas. En su primer almanaque predijo un invierno excepcionalmente frío y una incursión turca a Austria. Cuando ambas proyecciones probaron ser correctas, inesperadamente ganó una reputación de profeta.
El 19 de julio de 1595, una revelación repentina cambió el curso de la vida de Kepler. Al estarse preparando para una clase de geometría dibujó en el pizarrón una figura de un triangulo equilátero dentro de un círculo con un segundo círculo inscrito dentro. Se dio cuenta que la proporción de los dos círculos copiaban la proporción de las órbitas de Júpiter y Saturno. En un momento de inspiración, vio que las órbitas de todos los planetas alrededor del Sol acomodados así que las figuras geométricas regulares ajustarían exactamente entre ellos. Probó su intuición usando dos figuras bidimensionales planas, el triangulo, el cuadrado, el pentágono, etc., pero no funcionó. Como el espacio es tridimensional continuó experimentando con sólidos geométricos tridimensionales.
Los geométras griegos antiguos sabían que el número de sólidos que pueden construirse a par-tir de figuras geométricas regulares está limitado a cinco. Son conocidos como los sólidos ‘perfectos’, ‘pitagóricos’ o ‘platónicos’. Kepler especuló que uno de los cinco sólidos podría insertarse entre cada esfera concéntrica planetaria. Esto parecía explicar porque había solamente seis planetas (Mercurio, Venus, Tierra, Marte, Júpiter y Saturno) con cinco intervalos separándolos, y porque los intervalos eran tan irregulares.
Convencido de que había descubierto una sutil relación entre los diámetros de las órbitas planetarias y sus distancias del Sol, Kepler escribió Misterium Cosmographicum (‘El Misterio Cósmico), publicado en 1596. El esquema funcionaba razonablemente bien con las distancias planetarias entonces aceptadas, pero inclusive Kepler podía ver que no era perfecto. Suponiendo que mejores datos en órbitas planetarias podrían apoyar su teoría, dedicó el resto de su vida a justificar su visión a través de la observación científica y duras pruebas matemáticas.
Su más grande logro fue la formulación de las Leyes del Movimiento Planetario que marcaron un parteaguas con la tradición astronómica tradicional al describir las órbitas de los planetas elípticas más que circulares y reconociendo que la velocidad de los planetas no eran uniformes sino que variaban en diferentes etapas de su órbita. Las primeras dos leyes fueron anunciadas en 1609 en Astronomía Nova (‘La Nueva Astronomía’).
Le tomó nueve años más para formular la tercera ley que establecía una relación entre la distancia de un planeta del Sol y el tiempo que le toma para completar una órbita. Esto fue anunciado en Harmonice Mundi (‘Armonía del mundo’), publicado en 1618. Esto proporcionó los cimientos sobre los que Isaac Newton basó su teoría de la gravitación universal hacia finales del siglo XVII.
Aunque primero se hizo famoso por la exactitud de sus predicciones, su actitud hacia la Astrología convencional era ambivalente y compleja. Su famosa metáfora de comparar a la Astrología a la ‘hija tonta’ de la ‘madre sabia’ (Astronomía) ha sido citada con frecuencia como la evidencia de su incredulidad. Sin embargo, vista en el contexto, la hija tonta representa un estilo particular de Astrología, la Astrología popular, que no era del gusto de Kepler. Siempre fue cuidadoso de distinguir su visión reverente de las armonías celestiales de las practicas de astrólogos callejeros y hacedores de almanaques “que prefieren engranar en locura delirante con las masas analfabetas".
La Astrología de Kepler estaba en otro plano. Antes de condenarlo por su estilo intelectual esnob hay que considerar a muchos astrólogos “serios" de la actualidad que sienten exactamente lo mismo sobre las columnas de signos solar de los medios impresos. No fue el primero ni el último astrólogo que despreció a las formas aparentemente inferiores de esta ciencia. Su desaprobación es consecuencia de su convicción de que la Astrología es nada menos que una revelación divina, “... un testimonio de los trabajos de Dios y..., nunca una cosa frívola".
Desafortunadamente, el salario de Kepler como Matematicus real fue raramente pagado (el tesoro real le debía 20,000 florines para el final de su carrera) así que se vio obligado a vivir del consejo astrológico para clientes ricos y componiendo almanaques astrológicos para las ‘masas analfabetas’ que tanto despreciaba. De mala gana, Kepler concedió que “la madre podría morir de hambre si la hija no ganaba nada". Así que Kepler fue indudablemente un astrólogo, pero no respetaba la tradición astrológica.
Sus ideas parecen radicales inclusive para los estándares de la Astrología actual. Para empezar, menospreció el uso de las 12 casas como “brujería árabe". Mientras que aceptó que los ángulos eran importantes, no podía encontrar justificante para la división de casas convencional. “Demuéstrenme las antiguas casas", escribió a alguien, “explique su número; prueben que no hay menos ni más... muéstrenme ejemplos indudables e irrebatibles". Incluso fue más allá hasta cuestionar la validez de los signos del zodíaco, arguyendo que se derivaban de razonamiento humano y conveniencia matemática más que alguna división natural de los cielos. No tuvo tiempo para elaborar esquemas de regencia planetaria de los signos y no vio razón por la que algunos planetas deberían clasificarse como benéficos y otros maléficos.
La clave para la reforma propuesta por Kepler es su enfoque a los aspectos. La Astrología tradicional reconoce cinco relaciones significativas, basadas sobre la división de doce de los signos del zodíaco. Ptolomeo enseñó que su significación se derivaba por la analogía con las proporciones de la escala musical. La conjunción es equivalente a las mismas dos notas tocadas al unísono. La oposición divide el círculo en una proporción de 1:2, la cual corresponde a la octava. El sextil (5:6) corresponde a un tercio menor, la cuadratura (3:4) a un cuatro perfecto y el trino (2:3) a un quinto perfecto. Al darle menor énfasis a los signos del zodíaco, Kepler fue libre de explorar relaciones de aspecto adicionales en su búsqueda de la síntesis pitagórica de la música, geometría y Astronomía.
Los nuevos aspectos de Kepler se basaban en la teoría armónica y estaban cimentadas en la observación empírica de los efectos astrológicos. De su largo estudio de las condiciones del clima correlacionado con los ángulos planetarios y de un análisis detallado de su colección de 800 cartas natales, Kepler concluyó que cuando los planetas formaban ángulos equivalentes a proporciones ar-mónicas particulares se establecía una resonancia, tanto en el alma de la tierra arquetípica y las almas de los individuos nacidos bajo aquellas configuraciones.
Consideraba este ‘sello celestial’ mas importante que el énfasis tradicional en los signos y las casas: “en el poder vital del ser humano que es encendido en el nacimiento brilla aquella imagen recordada...�?. El sello geométrico-armónico constituye “la música que impulsa al oyente a bailar�? como los movimientos de los planetas, por tránsito y dirección, eco y re-eco el tema natal. Además de los aspectos de Ptolomeo, Kepler propuso el quintil (72°), el bi-quintil (144°) y la sesquicuadratura (135°). Extendiendo la analogía de la escala musical, el quintil es equivalente a un intervalo de un tercio mayor (4:5), la sesquicuadratura a un sexto menor (5:8) y el bi-quintil a un sexto mayor (3:5). Kepler se dio cuenta de muchas mas configuraciones de aspectos son posibles, pero las rechazó por bases estéticas.
Los nuevos aspectos fueron adoptados muy pronto por los astrólogos, aunque no con el espíritu que Kepler hubiera deseado. William Lilly escribió Astrología Cristiana en 1647, menos de 20 años después de la muerte de Kepler. En la sección de los “Efectos de las Direcciones�?, Lilly proporciona instrucciones para encontrar no solamente el quintil, biquintil y sesquicuadratura, sino también el semi-sextil (30°), semi-quintil (36°), semi-cuadratura (45°) y sesqui-quintil (108°). Sus amplios análisis de las direcciones en la carta de un ‘comerciante inglés’ da algunos ejemplos tempranos de los nuevos aspectos en la interpretación práctica.
La dirección del Medio Cielo en sesquicuadratura de Marte, por ejemplo, “puede poner en peligro, en una pequeña medida, la reputación de nuestro nativo falsos entredichos". El Ascendente en quintil con Mercurio sugiere que él “debe ahora rectificar sus libros de cuentas y recibir mucho beneficio de los hombres mercurianos". Los aspectos basados en quintil surgen como ‘algo benéficos’ en sus efectos; los basados en cuadrado como ‘ligeramente dañínos’, que se volvieron interpretación estándar de libros de texto de los ‘aspectos menores’ de la época de Lilly hasta la actualidad.
La Astrología se practicó durante todo el siglo XVII en varias partes de Europa occidental. En Francia, otro miembro de la familia de los Medici, Catalina, previamente en contacto con el astrólogo Luca Gaurico, contribuyó a la propagación de la Astrología en ese país. Se casó con Enrique II y después de muchos años sin hijos, consultó a los astrólogos. El nacimiento de su primer hijo fortaleció su fe en la Astrología.
Entre los astrólogos que invitó a trabajar a su corte estaba Nostradamus (Michel de Nostredame, 1503-1566), un astrólogo que se volvió notable por sus profecías escritas en cuartetas en el poema llamado “Las Centurias" (1555). Trabajando en la corte de Enrique II, Nostradamus se volvió conocido en todo el país, publicando almanaques y trabajos médicos que abogaban por el uso de la Astrología para propósitos médicos.
Mientras que el heliocentrismo de Copernico se fue gradualmente introduciendo a Inglaterra a principios del siglo XVII a través de los trabajos de Thomas Digges y Thomas Bretnor, sociedades seculares de profesionales, no necesariamente relacionadas con las universidades o la Iglesia, comenzaron a organizarse para discutir la nueva ciencia. En Inglaterra, la Sociedad Real de Londres fue apoyada en 1662 por Carlos II. En esa época Inglaterra y Holanda eran los dos únicos países en Europa que ofrecían libertad de pensamiento durante un período de estricta censura tanto por la Iglesia Católica como la Protestante en todos los países europeos. La Astrología no fue incluida entre los temas principales discutidos por la Real Sociedad, pero algunos de sus miembros la practicaban.
Ya no se debatía la Astrología en las universidades europeas. También no hay mucho en los registros históricos con respecto a los astrólogos en los siglos XVII y XVIII. La Astrología no murió en este período; fue solamente negada en el debate científico y académico. El pensamiento moderno, que comenzó con la Iluminación, excluyó a la Astrología como una ciencia empírica. No fue incluida, ni siquiera mencionada, en la sección de Astronomía en la amplia Enciclopedia de Diderot y D’Alembert en 1781.
Sin embargo, la Astrología y su simbolismo sobrevivieron la Iluminación en círculos esotéricos. Varios ocultistas revivieron los escritos mágicos de la Picatrix y el Corpus Hermeticum del Renacimiento y Cábala para dar una nueva y más esotérica interpretación a los movimientos de las estrellas. Los precursores de esta visión “moderna" de la Astrología fueron Emanuel Swedenborg (1688-1772) y Franz Antonio Mesmer (1733-1815).
El renacimiento astrológico europeo del siglo XIX comenzó en Inglaterra. Francis Barrett, que escribió El Mago (1801), una síntesis importante de temas mágicos y Nicolás Culpepper (1616-1654), un astrólogo, ya habían dedicado su tiempo al estudio del ocultismo. Pero el interés en Astrología volvió a despertar con la publicación de ciertos libros sobre el tema. En 1816, James Wilson escribió Un Diccionario Completo de Astrología, y unos pocos años después Robert C. Smith (1795-1832) cuyo seudónimo fue Raphael, escribió unos pocos años después el Manual de Astrología y recopiló las Efemérides. Siguieron nuevos trabajos en Astrología, tales como Los Misterios del Horóscopo en 1887.
También importante fue Eliphas Lévi (1810-1875), el moderno mago, que sintetizó el esoterismo antiguo y desarrolló una nueva forma de magia. Fue escrito en 1915 un trabajo importante sobre Astrología por el famoso ocultista inglés Aleister Crowley (1875-1947). Era miembro de la Orden Hermética del Amanecer Dorado, una sociedad mágica fundada por S.L. MacGregor Mathers, que sabía Cábala y Magia. Crowley escribió Astrología en 1915, en la cual enseñó Astrología Científica que reinterpretó como la ciencia de las estrellas a la luz del descubrimiento de los últimos dos planetas, Neptuno (1846) y Urano (1781).
Un renacimiento de la Astrología también se llevó a cabo dentro del movimiento Teosófico, que comenzó Madam Blavatsky en 1875 en los Estados Unidos. La Astrología se volvió el foco de la Logia Astrológica de la Sociedad Teosófica (que publica Astrología Trimestral) fundada en 1915 por Alan Leo (1860-1917), un importante escritor británico de Astrología. Leo fue iniciado en la teosofía por su amigo W. Gorn Old (1864-1929), cuyo seudónimo era Sepharial, un hombre con conocimientos de Astrología y Cábala.
Otro famoso astrólogo fue Charles E.O. Carter (1887-1968), que estaba capacitado en Astrología, del movimiento teosófico y la Logia Astrológica y a partir de estas se fundó en Inglaterra la Escuela de Astrología y la Asociación Astrológica una décadas después. El trabajo de Alan Leo también influyó el sistema alemán uraniano (la Escuela de Astrología de Hamburgo fundada por Alfred Witte y Friederich Sieggrün en la década de 1930), al sistema cosmobiológico (una escuela de Astrología científica fundada por Reinhold Ebertin (1890-1949) en los años 1930 afirmaba la existencia de una conexión física entre los movimientos de las estrellas y la conducta humana), y la Escuela Aries Holanda.
Dentro de los teosofistas, Alice Bailey (1880-1949), fundadora de la Escuela Arcana, dedicó a la Astrología el tercer volumen de la trilogía Un Tratado Sobre los Siete Rayos. De acuerdo a D.K., el maestro tibetano canalizado por Alice Bailey, la Astrología fue la ciencia más oculta. El trabajo de Bailey contribuyó al reavivamiento de la Astrología en el siglo XX.
La Astrología también se desarrolló en Francia a través de la escuela simbolista. Se delineó en la psicología profunda del famoso psicólogo y psiquiatra Carl Gustav Jung (1875-1961), quien explicó la Astrología a través de su noción de Sincronicidad. Para Jung, la Astrología incorporaba algunos de los arquetipos que juegan un papel importante en el desarrollo de la mente humana. La escuela simbolista francesa, de la misma manera, ayudó a liberar la Astrología de su estructura mecanicista rígida para permitirle un enfoque más descriptivo a la personalidad mediante la comprensión de los símbolos astrológicos.
Bajo la influencia de Jung, la Astrología también se reavivó para la aplicación a la psicolo-gía en la Astrología Humanista como su contraparte en Estados Unidos. Como tal, el enfoque de la Astrología no está centrada en eventos sino en la persona. La Astrología Humanista fue formulada inicialmente por Dane Rudhyar cuyo trabajo comparativo en el campo fue La Astrología de la Personalidad: Una Reformulación de los Conceptos e Ideales Astrológicos en Términos de la Psicología y Filosofía Contemporánea (1936). Rudhyar fue particularmente influido por la psicología humanista de Abraham Maslow.
Un esfuerzo para utilizar el enfoque científico, basado en la aplicación de la metodología estadística a la Astrología fue llevada a cabo a principios del siglo XX por Paul Choisnard y Karl Krafft. Sus estudios los convencieron que la “Astrología existe". En 1950, Michel y Francoise Gauquelin volvieron a aplicar las estadísticas al estudio de la Astrología, probando un gran número de individuos (aproximadamente unos 25,000) de acuerdo a su profesión. Encontraron una correlación diferente de la tradicional y con ello aumentó la controversia entre la Astrología moderna humanista y la científica.
El astrólogo francés André Barbault escribió Del Psicoanálisis a la Astrología (1961), en el cual demostró la similitud entre el determinismo psicológico de ciertas tendencias del psicoanálisis y el determinismo cósmico de la Astrología antigua. Barbault también fue el primero en diseñar un programa de cómputo que permitió a los astrólogos a hacer horóscopos. Mientras el trabajo de Barbault continuó la tradición de la Astrología científica, una astróloga británica Sybil Leek (1923-1983), fortaleció el aspecto ocultista de este arte antiguo. Leek se mudó a Estados Unidos, y a través de varios libros, muchos de ellos sobre Astrología, contribuyó a la propagación de la brujería (era una bruja “blanca") y la Astrología.
Astrología en Estados Unidos
La Astrología llegó a Estados Unidos durante la época colonial junto con el cuerpo completo de enseñanzas ocultas disponibles en Europa en el siglo XVII. Los primero astrólogos americanos, los Rosacruces bajo el liderazgo de Johannes Kelpius (1673-1708), establecieron una biblioteca astrológica y un conservatorio en lo que ahora es la sección alemana de Filadelfia en Pensilvania. Entre otras actividades ayudaron a actualizar el almanaque que ya estaba siendo publicado por Daniel Leeds y en 1698 uno de sus mejores astrólogos Johann Seelig, fue comisionado para levantar el horóscopo para la Iglesia Luterana Sueca en Wisaco, Pensilvania, a fin de determinar la mejor fecha para comenzar la construcción del nuevo edificio.
Para la Astrología el siglo XX comenzó en Estados Unidos con una fogosa explosión cuando una nueva luz astrológica apareció en la persona de Evangeline Adams (1868-1932). Evangeline fue criada en la atmósfera conservadora de Andover, Massachusets. Aunque no estaba en Boston, estaba lo suficientemente cerca de la ciudad para ser parte de la gran comunidad psíquica que ahí se desarrollaba. Esta comunidad incluía al antiguo presidente de la Sociedad para la Investigación Psíquica, un Sr. Williams y varios de sus colegas académicos, incluyendo a J. Herbert Smith, profesor de medicina en la Universidad de Boston que introdujo a Adams a la práctica astrológica y la religión oriental.
En 1899, después de haber escogido a la Astrología como su trabajo de por vida, Adams se mudó a la ciudad de Nueva York y tomó como residencia el Hotel Windsor, el propietario, Warren F. Leland, fue su primer cliente. Debido a que el siguiente día, el 17 de marzo de 1899 sería, en su opinión, un día de mala suerte, Leland fue con Adams por un consejo. Adams le hizo el mapa natal, solamente para encontrarlo bajo la “peor combinación posible de planetas". El peligro y el desastre eran inminentes. El viernes siguiente, posterior a la lectura del mapa, Leland vio su hotel en llamas. El sábado en la mañana los ciudadanos de Nueva York, se levantaron leyendo sobre el incendio y la nueva celebridad en medio del mismo.
En la primera página del periódico había una declaración de Leland que decía que Adams le había pronosticado el incendio y así comenzó su carrera como astróloga de los ricos y famosos. Adams le dio respetabilidad a la Astrología ya que en 1914 fue arrestada bajo el cargo de “adivinación�?. En lugar de pagar la multa insistió en ir a juicio. El juez le puso una prueba final para su defensa y la hizo que estudiara un horóscopo de una persona anónima. Dicha persona era el hijo del Juez John H. Freschi, y éste, impresionado por la exactitud de su interpretación, dejó libre a Adams y dijo que “la defendida elevó la Astrología a la dignidad de una ciencia exacta".
Después de Adams hubo varios astrólogos con mucha reputación como Elbert Benjamine cuyo seudónimo fue el de C.C. Zain, Max Heindel de la Orden Rosacruz, George Llewelyn y Dane Rudhyar, quienes cimentaron las bases de la Astrología contemporánea del siglo XX.
Historia de la Astrología, 1ª Parte




